¿Sabías que el dicho “Quien fue a Sevilla, perdió su silla” tiene su origen en un hecho histórico que tuvo lugar durante el reinado de Enrique IV?

En multitud de ocasiones habrán oído hablar del siguiente dicho o refrán: «Quien fue a Sevilla, perdió su silla». Se emplea para referirse a la pérdida de los privilegios o posesiones que se tenían por el mero hecho de haberlos abandonado durante unos momentos o un tiempo. Esta famosa expresión se utiliza cuando alguien se ausenta de algún lugar momentáneamente y al regresar se encuentra con que otra persona ha ocupado su sitio.

¿Pero por qué Sevilla? ¿Cuál es el orígen histórico de este dicho popular?

En primer lugar habría que matizar que la frase correctamente enunciada es «Quien se fue de Sevilla, perdió su silla».

Es muy curioso la enorme variedad de expresiones que existen muy parecidas según el Centro Virtual Cervantes. Algunas de las más famosas son las siguientes:

A veces se menciona otra ciudad además de a Sevilla:

«Quien fue a Sevilla, perdió su silla, y quien fue a Jerez, la perdió otra vez»;

o «Quien fue a Sevilla, perdió su silla, y quien fue a Aragón se la encontró»;

Y muy curiosas resultan estas dos expresiones, donde además se añade la figura de un sillón.

«Quien fue a Sevilla, perdió su silla, y quien fue a Morón, perdió su sillón»

o «Quien fue a Padrón [Galicia], perdió su sillón».

Finalmente, recogemos dos curiosos ejemplos, que encierran una mayor complejidad simbólica:

«Quien fue a Sevilla, perdió su silla; quien fue y volvió, a garrotazos se la quitó»;

«Quien fue a Sevilla, perdió su silla; quien fue y volvió, la recobró/encontró».

Como podemos comprobar predomina la referencia a la ciudad de Sevilla en casi todas. ¿Pero por qué la ciudad de Sevilla y no otra? ¿Hay alguna historia curiosa tras este refrán?

Esta popular expresión tiene su orígen en un acontecimiento histórico que tuvo lugar en el siglo siglo XV durante el reinado del rey de Castilla Enrique IV.

La historia que se esconde tras este famoso refrán.

Había dos arzobispos importantes que se acabaron enfrentando entre sí, a pesar de ser familiares. Uno era Alonso de Fonseca el Viejo (tío) y Alonso de Fonseca el Mozo (sobrino).
Todo ocurrió a raíz de un nombramiento arzobispal en el año 1460. Un sobrino de don Alonso de Fonseca, que era arzobispo de Sevilla, fue nombrado arzobispo de Santiago de Compostela. El reino de Galicia se encontraba muy revuelto por aquel entonces y, en consecuencia, el sobrino pidió ayuda a su tío para de esa forma lograr tomar posesión de la sede episcopal gallega. Mientras tanto el sobrino aguardaría el arzobispado del tío, es decir, en Sevilla.

perdió su silla

Enrique IV de Castilla (miniatura de un manuscrito del viajero alemán Jörg von Ehingen, 1455)

En consecuencia de esta petición, el arzobispo de Sevilla Don Alonso de Fonseca se dirigió a Galicia y restableció la paz en la revuelta de Santiago de Compostela. Sin embargo, cuando regresó a Sevilla para recuperar su cargo, lejos de obtener agradecimiento por parte de su sobrino, se encontró con una desagradable sorpresa. Su sobrino se negaba a devolverle la silla arzobispal hispalense, motivo que ocasionó un gran enfrentamiento entre tío y sobrino. De hecho, para solventarlo, tuvieron que recurrir a un mandamiento del Papa, junto a la intervención del rey de Castilla Enrique IV. Incluso se llevaron a cabo algunos ahorcamientos.

perdió su silla

Enrique IV de Castilla.

Es en estos hechos históricos cuando tiene origen el famoso refrán, por lo que se puede acabar deduciendo que la ausencia perjudica no al que se fue a Sevilla, sino al que se fue de la ciudad:

«Quien se fue de Sevilla, perdió su silla».

No obstante, la historia de la silla se quedó en la imaginación del pueblo difundiéndose y propagándose durante siglos, y llegó incluso a nuestros días, aunque con un significado diferente del que tuvo en su origen.

By | 2018-05-13T16:19:39+00:00 10 octubre 2017|

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